Boca tenía una noche para recuperar autoridad, alimentar el sueño copero y dar un paso clave hacia los octavos de final. Pero en una Bombonera encendida, el equipo de Claudio Úbeda empató 1-1 con Cruzeiro y quedó seriamente comprometido en el Grupo D de la CONMEBOL Libertadores 2026.
El Xeneize salió con decisión, empujado por su gente y por la necesidad de hacerse fuerte como local. Presionó alto, incomodó la salida del conjunto brasileño y encontró respuestas en la movilidad de sus volantes y delanteros. Aranda, Delgado y Belmonte acompañaron de cerca a Giménez y Merentiel, mientras Boca intentaba imponer condiciones desde el inicio.
La recompensa llegó temprano. A los 15 minutos, Leandro Paredes envió un centro que terminó encontrando a Miguel Merentiel en el segundo palo. El delantero uruguayo empujó la pelota a la red y desató el festejo en La Bombonera, que vivía el partido con clima de definición.
Boca no fue una máquina, pero sí fue superior en el primer tiempo. Controló mejor los espacios, aprovechó las subidas de Blanco y generó peligro con la pelota parada de Paredes. Cruzeiro, incómodo durante buena parte de la etapa inicial, apenas respondió con una ocasión clara de Kaio Jorge, que Brey logró contener.
FOTOS:@Libertadores/@BocaJrsOficial/@Cruzeiro
Todo cambió en el arranque del complemento. Cruzeiro golpeó con el empate de Fagner y, en cuestión de minutos, estuvo muy cerca de dar vuelta el marcador. Boca sintió el impacto, pero recuperó aire cuando Gerson fue expulsado por una dura infracción sobre Paredes.
A partir de ahí, el Xeneize asumió el protagonismo. Úbeda mandó a la cancha a Zeballos y el equipo se volcó sobre campo rival. Sin embargo, la búsqueda se volvió previsible: muchos centros, poca claridad y demasiadas dificultades para romper el bloque defensivo de Cruzeiro.
La Bombonera volvió a explotar cuando Merentiel marcó el supuesto 2-1, pero la ilusión duró poco. El VAR llamó al árbitro por una mano previa de Delgado y el gol fue anulado, en una jugada que terminó aumentando la frustración del equipo y de los hinchas.
El empate deja a Boca en una situación incómoda. Llegará a la última fecha obligado a ganar para sostener sus chances de clasificación y con varias señales para revisar, entre ellas la falta de ideas en los metros finales y el bajo rendimiento de Giménez, que no logró pesar como referencia de ataque.
El sueño copero sigue vivo, pero ya no depende solo del empuje de La Bombonera: Boca deberá jugar su última carta con la presión al límite.




