La noche prometía ser histórica para Vancouver, y aunque el guion comenzó adverso, el equipo se negó a rendirse. Un autogol tempranero de Edier Ocampo a los 8 minutos golpeó fuerte, pero también encendió el carácter del conjunto canadiense, que con orden y convicción siguió en pie.
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En la segunda mitad llegó el premio al esfuerzo: una acción colectiva exquisita igualó el marcador y despertó la ilusión de toda la afición norteña. Sin embargo, el fútbol a veces se rinde ante la genialidad. Lionel Messi tomó el balón, dejó rivales en el camino y sirvió el 2-1 a Rodrigo De Paul, un mazazo que Miami supo capitalizar.
Vancouver apostó por más velocidad y desequilibrio con el ingreso del peruano Kenji Cabrera a los 82 minutos. Su energía contagió al equipo, pero la defensa rosada resistió sin desordenarse.
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Y cuando parecía que los Whitecaps podían forzar un cierre dramático, Messi apareció una vez más. Una asistencia quirúrgica dejó solo a Tadeo Allende, quien definió con la serenidad de los elegidos para sellar el 3-1 y coronar a Inter de Miami como campeón de la MLS Cup.







































