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Mรกs leidas

El fรบtbol, a veces, es un testarudo ejercicio de nostalgia. Diecisรฉis aรฑos despuรฉs de aquella noche mรกgica en Ciudad del Cabo, el destino volviรณ a citar a Espaรฑa y Portugal en unos octavos de final mundialistas. Mismo escenario dramรกtico, mismos titanes y, para desgracia lusa, idรฉntico verdugo. Esta vez no fue el icรณnico zapato de David Villa, sino el instinto salvador de Mikel Merino en el tiempo de descuento el que rompiรณ el maleficio de Dallas para meter a La Roja en cuartos de final (1-0).

El duelo en el coliseo texano fue una partida de ajedrez de alta tensiรณn. Portugal estirรณ las lรญneas de inicio dispuesta a morder, pero el equipo de Luis de la Fuente no se descompuso. Con la paciencia de un artesano, Espaรฑa se adueรฑรณ de la pelota, madurando el partido de lado a lado frente a una muralla portuguesa impenetrable. Los noventa minutos se consumieron entre el ยซquiero y no puedoยป ibรฉrico y la resistencia numantina de los lusos.

Pero este equipo tiene รกngel y cree hasta el final. En el epรญlogo del partido, cuando el cuerpo pedรญa tregua y la prรณrroga asomaba, Merino cazรณ un balรณn que vale un billete entre los ocho mejores del planeta. El sufrimiento final, con Portugal rozando el milagro, solo sirviรณ para agigantar la figura del bloque y del portero espaรฑol. Espaรฑa avanza firme, repite la historia y obliga al paรญs entero a hacerse la gran pregunta: ยฟterminarรก este Mundial 2026 como aquel bendito verano de 2010?

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